9/9/10

Introducción

¿Qué por qué una introducción a estas alturas? ¿A todos nos gusta los Off-topic, verdad? Pues eso, esto es un off-topicazo. Porque me apetece, porque me aburro, porque deliro, porque me sale, porque se me ocurrió, porque hay que hacer algo cuando no puedes dormir, porque sí, leches ^^. Allá va.

Buenas gentecilla, soy el Hada Lectora y os quería contar mi historia. Antes de nada soy un hada muy especial. Mido 1,70 metros de altura, no tengo alas y parezco una humana normal y corriente. Para explicar esto tendré que remontarme unos cuándos años atrás. Así que, sin más tardanza, empecemos.



Yo vivía en mi bosque, un bosque lleno de animales de todo tipo, los ciervos corrían como alma que lleva el diablo en la zona más densa del bosque, los insectos volaban libres entre las flores y la mala hierba en busca de alimento para sus de cientos crías, los zorritos, guiados por su madre, corrían en busca de una presa, con sus orejas puntiagudas bien levantadas y ondulando sus elegantes colas, y los pájaros daban vida al bosque con sus cantos, fueran armoniosos o no. Pero no solo había animales en estos bosques. Las hadas eran las anfitrionas del bosque. Ellas se encargaban, y lo siguen haciendo, de que las flores florezcan en primavera y antes de que mueran por el invierno se despiden de ellas con una ceremonia tradicional que yo solo pude ver un par de veces. Ellas cuidan de la naturaleza que puebla el bosque y solucionan los problemas. También hay duendes en mi bosque, no son muchos, pero he oído que en otros bosques son tantos que ya no podían hacer sus casas bajo el suelo porque se desmoronarían sí todos se metieran bajo él. Como no podían estar a la vista de los humanos decidieron hacer sus casas en las cimas de los árboles o incluso dentro de los propios troncos. Yo nunca lo he visto, pero solo con imaginármelo se me iluminan los ojos como dos estrellas, que se apagan al pensar que nunca lo he visto, ni nunca lo veré.


Las hadas no dormimos bajo el suelo ni en las copas de los árboles, a pesar de que nos resulta mucho más fácil que a ellos debido a nuestras olas multicolores. Como ayudamos a las flores a crecer ellas nos devuelven el favor permitiéndonos dormir sobre su polen, que no solo huele de maravilla, sí no que es blandido y cálido. En las noches de mucho frío de verano las flores se cierran para que no muramos de frío. Después de la ceremonia en la que las flores se marchitan, solo podemos dormir en un sitio, en las ramas de los pinos, que también huelen muy bien, pero no son ni de lejos tan confortables como el polen de las margaritas.






Era pleno verano, el cielo estaba azul infinito y el sol nos abrasaba la espalda de donde salían nuestras alas que hacían el efecto de una lupa bajo el sol y los colores se reflejaban en los troncos de los árboles más cercanos. Yo tenía, por aquel entonces, 11 estaciones. Ni siquiera sabía volar, como mucho podía dar pequeños saltos y mantenerme un tiempo en el aire mientras aterrizaba en el suelo. ¿Qué es lo que pasó para que dejara mi bosque? Pues aún hoy no lo sé. Solo sé que ese día me desperté enferma y… ¡mis alas no estaban! Me las habían arrancado. Cuando me di cuenta me puse a chillar como una loca. Era pequeña, pero sabía que perder las alas no era solo perder el privilegio de volar. Con ellas se llevaron mi vida… Sin ellas ya no me aceptaban en el pueblo, ahora era un ser deforme, incompleto, sin derecho alguno en el mundo mágico. Mi madre me abrazó para que me calmara mientras se disculpaba una y otra vez y eso me hacía derramar más lágrimas…


Me dejaron dar un largo paseo por el bosque antes de tener que dejar toda su magia atrás, por petición de mi madre, que hizo todo lo que pudo para que no tuviera que irme del que siempre había sido mi hogar. Muchas criaturas me encontré en ese paseo. Algunas que nunca había visto y eso me hizo un poco feliz. Muchos salieron a ver como una de las hijas de la Naturaleza abandonaba su hogar, había una manada de hipogrifos, dos ninfas de agua, una buena prole de duendes y la dragona Fiona que no se suele dejar ver. Lloré amargamente cuando mis pies desnudos dejaron de tocar la tierra húmeda para pisar un frío asfalto sin vida alguna. Sé que ella también tenía ganas de llorar, pero fue fuerte por las dos. Se arrodilló para estar a mi altura y me revolvió mi pelo plateado. Se disculpó por no haber podido protegerme y yo acariciando su mejilla con mi manita verde pálida le dije que estaría bien, era un hada después de todo, aunque no tuviera alas, la naturaleza era mi amiga y también me haría amiga de esos seres gigantes llamados humanos. Ella sonrío, es la sonrisa más bonita que he visto y que veré. Ese fue su último regalo. Tras un suspiro disimulado se incorporó. Empezó a recitar un cántico antiguo y yo note como cambiaba, cerré los ojos para no ver nada, solo notar la magia recorriendo cada centímetro de mi ser. Cuando dejé de sentir ese cosquilleo abrí los ojos, seguía siendo la misma solo que mucho más grande. Mi, ahora, minúscula madre voló dando vueltas sobre mí. Tenía que forzar la vista poder apreciar sus gestos. Dijo que era demasiado bonita para ser una humana, así que tendría que cambiar mi apariencia completamente, no me hacía ninguna gracia, pero los muñones que tenía en mi espalda como recuerdo de mis alas, mis rasgos salvajes, pero definidos y mi pelo plateado llamaban mucho la atención. Suspiro emitiendo un suave tintineo y volvió a cantar. Mi pelo se alargo y se oscureció, mi piel verde paso a ser de un feo rosa y mi cuerpo dejó de ser perfecto para ser el de una niña de 3 años humana. Mi madre dejó de cantar y voló hasta mis ojos dio un beso a mis cejas azabaches. Me susurró al oído que llegaba la hora, pero que nunca me olvidase de lo que era y para ello había dejado mis ojos tal y como estaban, con los colores del bosque, verde y marrón. Empezó a susurrarme una nana que siempre me cantaba por las noches en las que las pesadillas la cogían conmigo. Me fui durmiendo lentamente, llegué a susurrar un te quiero, pero fue imposible llegar a decir un no te olvidaré. Pues mis párpados se cerraron y mi cabeza dejó de poder juntar palabras.










Desperté, quien sabe cuando tiempo más tarde, en los brazos de una mujer extraña y tenía ganas de llorar, no era tan guapa como mi madre, aunque me cogía con similar dulzura. Tras acunarme en sus brazos un rato me calmé. Me aferré a su fea ropa, ancha, blanca y sin una pizca de la gracia que tenían los vestidos hecho por hojas y pétalos de las hadas. Cerré mis encharcados ojos para intentar dormirme y así ver mi bosque y a mi madre en sueños…






Los años han pasado y no he olvidado lo que soy. Echo mucho de menos a mi madre, la verdadera, pero la humana es buena conmigo y su marido también. A veces vuelvo a mi bosque, pero no puedo ver a ninguna hada. Me paso allí las tardes, trepando árboles, bañándome en un riachuelo y leyendo. Leyendo mucho. Es uno de mis pocos consuelos, leer sobre mundos parecidos al mío. Evadiéndome de este mundo que tiene mil cosas que envidiarle. A veces me sorprendo soñando con cosas de cuando mis alas aún adornaban mi espalda. Cuando la humana me compró un traje de hada para los carnavales en el colegio no pude evitar echarme a llorar. La pobre mujer al verme siempre leer historias sobre mi especie pensó que me encantaría llevar ese traje. Claro que ella no sabe lo que me hicieron, ni que leo esas historias por nostalgia y porque me alivian.


Me he criado con los cuentos de hadas en los que las princesas siempre acaban con el príncipe y son felices. Estos cuentos me hicieron creer que, no que tendría un príncipe azul esperando en un lujoso castillo, si no que algún día ocurriría un milagro y que recuperaría mis alas. Y volvería a ver mi bosque y a mis antiguos amigos. Pero han pasado muchos años desde eso. Ya he asumido que voy a ser humana siempre, bueno, no humana del todo. A un ser mágico no se le puede quitar su magia nunca, es su derecho de nacimiento. Me lo han quitado todo, menos eso, lo único que no pueden quitarme. Las hadas son muy esquivas, pero otros seres a veces se dejan ver, es como si supieran lo que soy de verdad, pero no vieran mi cuerpo humano. Es raro, pero me ayuda a llevarlo…


Y esta es mi historia. La creáis o no, indiferente me es. Debería importarme, pero soy un hada sin alas. Un bicho raro, un desecho, algo indefinido, una aberración de la naturaleza para unos, un hada que no es hada, una humana que no es humana… Yo soy yo y no otra cosa. Leo, releo, comento, sueño, despierto, vuelvo a soñar, imagino mil cosas mil y una veces, le doy una vuelta y otra y otra más si hace falta, delirio y ya no sé ni lo que escribo.


Esta soy yo y este mi mundo. ¿Me acompañas?

3 comentarios :

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